02 junio, 2007
Góticos y Asiáticos

22 abril, 2007
La Princesa del Hielo
Tambaleándose sobre su caballo, con la espada quebrada, sin armadura, aquel joven apenas si podía expirar un aliento de vida. La sangre brotaba por el costado, manchando sus raídas ropas. Ante él, una tierra árida se extendía hasta más allá de donde el horizonte delimita la tierra. Llevaba varios días atravesando ríos, bosques y desiertos, comiendo raíces y frutas, y bebiendo agua de los manantiales ocultos de las montañas, pero sin encontrar a nadie que acudiese en su ayuda. Había conseguido huir de la batalla, pero nunca volvería a casa. Lo había perdido todo. Que más daba. La luna llena desafiaba las fuerzas de un hombre demasiado joven para morir, pero que ya lo había visto todo. Nunca se creyó valiente, pero lo había sido. Quizás más de lo debido.
Las nubes tapaban la luna, jugando a dibujar tenebrosas sombras en su silueta. El viento soplaba cada vez más helado. Ya no había árboles de los que recoger una manzana o un higo, ni raíces ocultas bajo la tierra. Ni un atisbo de vida. Había caminado sin rumbo, y empezaba a perder la esperanza. Empezó a nevar. Al principio, poco a poco, hasta que, cuando las nubes taparon la luna, la nevada era tan intensa que perdió de vista el horizonte, y hasta la tierra que pisaba. El caballo, cansado, apenas si daba ya unos cortos pasos. Sintió desfallecer, mientras un dolor agudo en la pierna le recordaba que sus heridas seguían sangrando. Le fallaron las fuerzas y notó como se deslizaba por el lomo de su montura y caía sobre el suelo helado. Vio alejarse al caballo lentamente, demasiado cansado como para esperar a su dueño en una muerte segura. Y durante mucho tiempo, eso es lo último que vio.
Pero despertó. Despertó sobre una cama de nieve. Una cama hecha de nieve virgen, con columnas de hielo como dosel. No creyéndose lo que veía, se frotó los ojos. Pero era real. A su alrededor se extendía una enorme habitación de hielo, completamente helada. Sin ningún otro color que un blanco reluciente, casi transparente. Y entonces entró. Sus largos cabellos castaños caían sobre los hombros. Su tez, pálida, acompañada de dos penetrantes ojos verdes. Un largo vestido blanco reposaba sobre su cuerpo con extremada ligereza, y unos preciosos zapatos de hielo cubrían sus pies. Al momento, el joven supo quien era aquella mujer, de hechizante belleza: La Princesa del Hielo.
El nunca había creído aquella leyenda, que contaba como una joven fue condenada por retar a un semidios. La sentencia: vivir encerrada toda la eternidad, en un palacio de hielo. Y estaría sola, pues todo aquel que se acercase a ella moriría congelado al instante. Y allí estaba, delante de él, mirándole con ojos de ternura. Y el sabía que iba a morir, pues nadie sobrevivía a su aliento helado. Pero mejor morir por una caricia de la más hermosa de las mujeres, que abandonado en el desierto. Ella se acercó lentamente hasta su cama de nieve, y el joven sintió frío, un frío que empezaba a parar la sangre de sus venas. Entonces, en un último esfuerzo, cuando ella estaba lo suficientemente cerca, el joven se levantó, y la besó.
Y la cara de la joven princesa del hielo esbozó una sonrisa cuando, separándose del caballero, vio que seguía vivo. Se miraron, sin entender lo que pasaba.
- Estás vivo...
- Sí…
- Nadie vive después de tocarme, es mi condena... Pero tú.. ¿Por qué me has besado, sabiendo que ibas a morir?
- Para morir feliz
Y ella, esbozó una sonrisa que se reflejó en las paredes del palacio. Una sonrisa que hacía años que no aparecía en sus labios.
- ¿Serías capaz de deshacer mi hechizo?
- ¿Hay una forma?
- Una flor de las montañas del Sur, una bonita flor azul, llamada flor del mar, puede romper mi condena. Nunca se lo pude decir a nadie, pues nunca nadie pudo siquiera tocarme.
- Yo romperé ese hechizo, pero quiero algo a cambio...
- Poco puede ofrecerte.
- Me conformo con uno de tus cabellos...
Y así, un día después, después de largas horas de conversación y completamente repuesto, un joven caballero partía hacía el sur para salvar a una princesa. A una princesa de hielo.
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Esto lo escribí hace ya bastante tiempo, quizás en otro lugar y en otra vida, pero quería dejar testimonio de este cuento, y de que, todavía, me conformo con uno de tus cabellos...
No me he olvidado de la otra historia, un día estará completa.
08 abril, 2007
Frozen
31 marzo, 2007
The Four Horsemen come back
29 de Junio - Bilbao
Si funciona mi plan, ya puedo morir feliz. Aunque esta vez no consiga pase VIP...
Do u want heavy? 'Tallica gives you heavy, baby!!!
29 marzo, 2007
Angels
20 marzo, 2007
Pardiez
03 febrero, 2007
What have you done?
Ayer, casi por casualidad, escuché un tema que va camino de incluirse en mis clásicos particulares. El nuevo disco de los holandeses Within Temptation está al caer, y ya tiene una joya en forma de vídeo en http://www.myspace.com/withintemptation. Y lo mejor, que dentro de menos de dos meses estarán de nuevo en La Riviera, como hace año y medio, para una descarga del mejor rock gótico del planeta. ¡¡¡¡¡Que alguien me acompañe, por favor!!!!!!
20 enero, 2007
13 enero, 2007
El laberinto de las entrañas de la Tierra - IX
Entre gigantes

Sólo espero que digan que crucé ríos, bosques, valles y mares. Qué subí montañas, y escuché la música de los astros. Que robé el espíritu del viejo lobo que no se cansó de cazar. Sólo espero que digan que estuve loco. Nada más. Con eso me vale. Cuando algún día me vaya de este mundo, quemen mi cuerpo, junto con una moneda para Caronte, y arrojen las cenizas al más profundo de los océanos. "Y si alguna vez cantan mi historia, cuenten que caminé entre gigantes".
Foto realizada por rkp
01 enero, 2007
11193
29 diciembre, 2006
La Biblia del Polluguismo
02 diciembre, 2006
Dame tu ropa, tus botas y tu motocicleta
Ójala fuese lo suficientemente duro para decir esa frase. O para ser el gobernador de California. Y calzarme mis botas de cuero, abrocharme mi chupa de aviador y montarme en una buena Harley con unos buenos tubarros. O mejor, en una moto-triciclo con tubos de escape a modo de chimeneas de camión. Aparcar en la puerta del bar y acercarme a la barra a pedir una buena jarra de cerveza muy fría, mientras suena Fight Fire With Fire. Tener un Rickenbacker como el de Lemmy - apunto estuve de comprarme uno una vez, aunque no como el suyo, claro... - en la parte de atrás de mi pick-up, justo al lado de mi gorro de cowboy.22 noviembre, 2006
Caminando hacia la niebla
Hoy es de esos escasos días en los que, cuando llego a casa, no tengo nada que hacer. Lo primero que he hecho ha sido pasarme por la tienda del Chanquete, a probar un cajón flamenco y a preguntar por el precio de un Ampeg (si por mi fuera, me compraría toda la tienda...). Después, un rato de messenger y a cenar. Aprovechando que no estaban mis hermanos, y que por tanto no había CSI obligado (ya sea Las Vegas, Miami, Nueva York, Calcuta o Paramaribo...) he decidido poner el canal Viajar. Me gustan sus reportajes, aunque parezca mentira. Suelen estar bien hechos, y es raro que te encuentres con uno muy aburrido. El de hoy: "El viajero profesional: Yemen". Yemen es uno de esos países que uno no situaría del todo bien en el mapa, aunque se sepa más o menos por donde anda. A mi me me gusta mucho la arquitectura, la música y demás del mundo árabe (aunque haya tantas cosas que no me gusten del mismo mundo...). Pero también me gusta la cultura asiática, o la prehispánica en Sudamérica, o casi cualquier otra... 19 noviembre, 2006
Como las águilas
A veces me gustaría poder volar, como las águilas, sin sentir el vértigo al acercarse a un acantilado, sin miedo a caer. Poder surcar el cielo, rozar las nubes, y ver el suelo desde otra perspectiva. Ver la tierra en toda su extensión, y sentir la lluvia en la cara mientras expando mis alas en busca de un lugar que descubrir. A veces quisiera ser pez, y nadar en un mar infinito, llegando hasta donde un hombre nunca podrá llegar. Sentir la calma de una oscuridad absoluta, o la belleza del más colorido de los arrecifes de coral. Y también quisiera ser un lobo, pero en otro tiempo, en otro lugar. Quisiera ser un lobo en una tierra sin hombres, para poder correr a mis anchas, poder jugar con la manada, o cazar a mi presa. Y no tener que pensar en nada. O quizás lo que quiero es ser un hombre en una tierra sin hombres. Un Tarzán o un Mowglie moderno. Poder recorrer bosques, descender ríos y subir montañas. Y allí, en la cumbre de algún pico, poder desnudarme en cuerpo y alma y gritar. Simplemente gritar a las montañas y a los campos que se abren bajo las rocas. A veces es difícil sentirse libre. No hay libertad en los vagones del metro, a menos que te abstraigas lo suficiente, ni en un edificio de cristales y cemento. Quizás en un gran parque o en un museo después de la hora de cierre. Quizás en la gran ciudad hay sitios donde sentirse libre. Para poder sentirse un Tarzán en una jungla de asfalto. Pero yo prefiero escaparme, desplegar mis alas e intentar aprender a volar. Y encontrarme con otro lobo solitario que también quiera escapar, por un momento, del mundanal ruido. Unirse al grupo de los locos cuya mayor ilusión y esperanza es ascender desnudos a la más inaccesible de las montañas. Y allí, tan sólo mirar hacia abajo, mientras la lluvia empapa sus cabellos. Y gritar. O hacer el amor. O simplemente soñar. ¿Quién quiere extender sus alas y volar conmigo? Empieza a ser el momento de que nos sintamos verdaderamente libres... como las águilas.08 noviembre, 2006
La agrupación convierte la incertidumbre en un riesgo mesurable
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Lo que se aprende jugando a ser He-Man. Kyk rules!
04 noviembre, 2006
Lucrezia
29 octubre, 2006
Fuckin' Farewell
Water can flow, or it can crash
A veces lo que lo que más me gusta de la televisión, es la publicidad. La parrilla está llena de auténtica basura, y es en el momento en el que se debería hacer zapping cuando surgen las mayores obras de arte en la pequeña pantalla.


